Cómo proteger el hígado del daño causado por el alcohol

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Por: Alan Santana

El hígado es uno de los órganos más importante del cuerpo con cientos de funciones vitales. Se encarga de regular, ensamblar, desmontar y almacenar grasas, proteínas y glucosa. Absorbe oxígeno y nutrientes de la sangre, además de balancear los niveles de azúcar y aminoácidos en la sangre. Ayuda a descomponer los medicamentos y otras toxinas.

El hígado produce la bilis, la cual ayuda en la eliminación de desperdicios del cuerpo y a digerir las grasa en el intestino delgado. Junto con los riñones, el hígado actuá para limpiar la sangre de medicamentos y sustancias venenosas que de otro modo se acumularían en el torrente sanguíneo. El hígado está envuelto en muchas otras funciones. Por esto, debemos buscar formas para protegerlo, especialmente hoy en día que estamos expuestos a demasiadas toxinas.

Problemas que enfrenta el hígado

Como el hígado está envuelto en tantas funciones, cuando se enferma puede ser mortal. Entre las enfermedades más comunes del hígado están las siguientes:

  • Hepatitis: La inflamación del hígado. Esta puede ocurrir a causa de virus, bacterias, parásitos, alcohol, toxinas, cáncer y otros factores.
  • Hígado graso (esteatosis): Mala alimentación y el consumo excesivo de alcohol puede causar la deposición de grasa en exceso en el hígado lo que obstruye los conductos biliares e interfiere con la función normal de hígado. El hígado graso puede llevar a la hepatitis.
  • Cirrosis: Una enfermedad degenerativa caracterizada por la degeneración de las células y destrucción del tejido. La hepatitis y el alcoholismo pueden llevar a la cirrosis hepática.
  • Insuficiencia hepática: Cuando el hígado deja de funcionar por completo. La hepatitis y cirrosis, ambos pueden conducir a la insuficiencia hepática.

En los países en desarrollo las principales causas de enfermedades del hígado son las infecciones. Los virus y toxinas están al tope de la lista, pero en países desarrollados la causa principal de las enfermedades del hígado, es el consumo excesivo del alcohol.

Los trastornos relacionados con el alcohol, los cuales incluyen hepatitis y cirrosis alcohólicas, superan numéricamente todas los demás trastornos del hígado por un mínimo de cinco a uno. El alcohol, al igual que cualquier otra toxina, es procesado en el hígado. El consumo excesivo de alcohol envenena el hígado lentamente.

Cómo proteger el hígado

Si tiendes a consumir alcohol en exceso, entonces debes proteger tu hígado para evitar las enfermedades antes mencionadas. Aunque vivas en un país sub-desarrollado, donde las causas principales de problemas del hígado son infecciones, tus probabilidades de sufrir de alguna enfermedad hepática aumenta cuando estás expuesto a muchas toxinas, algo a lo que todos estamos expuestos hoy en día por medio de los cosméticos, aditivos y preservativos en los alimentos, pesticidas y herbicidas en las granjas, medicamentos, drogas recreacionales, alcohol, productos de limpieza, entre otras.

En el presente no hay medicamentos efectivos para restaurar un hígado enfermo. No existe cura para la hepatitis o cirrosis. Si la causa es el alcohol, el único tratamiento conocido es la abstinencia. Darle tiempo al cuerpo a que se cure a sí mismo es la única opción que tienen los doctores. Alimentar al paciente con una dieta saludable es la mejor medicina. Los alimentos que promueven el buen funcionamiento del hígado pueden asistir en el proceso de restauración.

Las grasas que dañan el hígado

Los alimentos que promueven la salud del hígado, son los mismo alimentos que promueven la salud en general; vegetales, frutas frescas, alimentos integrales, granos enteros y los alimentos libre de químicos y procesos industriales. Pero hay una categoría de alimentos para los cuales el hígado tiene una afinidad y éstas son las grasas.

Consumir demasiado de las grasas equivocadas (grasas poliinsaturadas y grasas trans) puede tener un efecto perjudicial sobre el hígado y el cuerpo completo porque estas grasas son poco estables y tienden a oxidarse fácilmente creando radicales libres y la peroxidación lipídica (la degradación oxidativa de los lípidos {grasas}).

Entre estas grasas, las cuales debemos evitar, se encuentran principalmente:

  • Todos  los aceites hidrogenados y la margarina (aquí se esconden las grasas trans)
  • Aceite de cártamo, aceite de girasol, aceite de mazorca, aceite de soja, aceite de algodón, aceite de sésamo y aceite de colza.

Aparte de su alto contenido en grasas poli-insaturadas, algunos de estos aceites provienen de organismos modificados genéticamente. Sin embargo, otros tipos de grasas, se ha encontrado, son altamente protectoras del hígado, estas son las grasas saturadas la cuales veremos a continuación.

Las grasas saturadas protegen al hígado contra el daño causado por el alcohol

Como mencioné anteriormente, el hígado tiene una afinidad para las grasas, específicamente grasas saturadas. Los investigadores han encontrando que los seres humanos y otros animales con ciclos largo de vida, tienen un porcentaje más alto de grasa saturada en el hígado.

Se cree que el contenido de grasa saturada protege al hígado contra la peroxidación lipídica que puede causar disfunción hepática. La peroxidación lipídica es el proceso en el que los radicales libres “roban” electrones de los lípidos en las membranas celulares, lo que resulta en daño celular. Así que el cuerpo incorpora la grasa saturada en el hígado como un método de protección contra la degradación oxidativa.

Entre las grasas saturadas que protegen al hígado tenemos:

  • Aceite de coco: El aceite de coco está compuesto mayormente por grasas saturada. Hasta un 92% de su contenido, 6% grasas monoinsaturadas y sólo un 2% de las grasas poliinsaturadas. El aceite de coco es un buen protector del hígado.
  • Aceites de la mata de palma: El aceite de palmiste, aceite de palma blanco o el aceite de palma roja, todos son buenos protectores del hígado. Su contenido en grasas saturadas varía del 50% a 82% dependiendo del tipo de aceite.
  • Mantequilla: La mantequilla es una de las grasas más saludables que existe. Es importante que ésta provenga de vacas alimentadas con pasto y saludables.
  • Manteca de cerdo y grasa vacuna: Estas grasas son otros sustituto a los aceites poliinsaturados y/o hidrogenados que promueven enfermedades del corazón.

Para proteger el hígado del daño causado por el alcohol, se puede consumir aceite de coco o aceite de palma roja, antes, durante o después del consumo del alcohol. Esta simple acción te mantendrá protegido. Otra forma de acceder a los beneficios de estas grasas es sustituyendo los aceites refinados, hidrogenados, modificados genéticamente y las grasas poli-insaturadas por éstas a la hora de cocinar. Esto le agrega mayores beneficios a la comida y la protege contra la oxidación, lo cual crea radicales libres.

Estudios científicos: El hígado y las grasas saturadas

Cuando los científicos quisieron ver el efecto de las grasas en la dieta sobre el hígado, estaban predispuesto con la mentalidad anti-grasas saturadas. Basado en la teoría de que las grasas saturadas contribuyen a enfermedades del corazón (lo cual ha sido comprobado completamente erróneo), esperaban resultados similares en cuanto al hígado. Que las grasas saturadas perjudican al hígado, mientras que, las poliinsaturadas lo protegen; lo que encontraron fue todo el contrario.

Desde este descubrimiento muchos investigadores han probado y vuelto a probar estos hallazgos con los mismos resultados. En la actualidad es aceptado universalmente, que las grasas saturadas en la dieta protegen el hígado contra enfermedades.

Estudios publicados en la década 1980 y principios de 1990 descubrieron que las grasas saturadas, generalmente aceite de coco o de palma, protegían al hígado del daño causado por el alcohol. En 1994 el investigador A. Nanji y sus colegas propusieron un nuevo tratamiento para la enfermedad hepática alcohólica[1]. El tratamiento se basaba en enriquecer la dieta con grasas saturadas. En su estudio demostraron que el aceite de palma podría disminuir eficazmente el daño en el hígado causado por el alcohol. El aceite de palma no sólo previene las enfermedades del hígado, sino que es efectivo en revertirla también.

Numerosos estudios han comparado el efecto de aceites vegetales saturados y poliinsaturados en relación a las enfermedades del hígado a causa del alcohol. Los resultados fueron los mismos. Las grasas saturadas protegen contra heridas y los aceites poliinsaturadas las promueven[2].

En un estudio, investigadores provocaron lesiones de alcohol en animales de laboratorio. A aquellos animales que se les dió aceite vegetal (aceite de mazorca {maíz}), todos demostraron daño hepático significativo. Incluso todos aquellos que recibieron aceite de pescado (el aceite de pescado es una grasa mayormente poliinsaturada; saludable en general por su contenido en ácidos grasos Omega 3) demostraron daño hepático significativo. Aquellos que recibieron grasas saturadas no mostraron daño hepático en lo absoluto. El hígado estuvo completamente protegido por los efectos nocivos del alcohol[3].

Otros estudios demuestran que además de bloquear la acción destructiva de los radicales libres, las grasas saturadas, y el aceite de palma particularmente, promueven la liberación de hormonas que ayudan en la protección del hígado contra el daño causado por el alcohol[4].

El hígado graso es otro problema común que enfrenta nuestro hígado y puede ser causado por el consumo de alcohol, exceso de comida y hasta la obesidad. Esta condición, la cual conduce al daño hepático, también se puede mejorar con las grasas saturadas. Estudios demuestran que las grasas alimenticias saturadas reducen la acumulación de grasa en el hígado, fortalece la resistencia de las células del hígado contra la oxidación y reduce lesiones en el hígado[5].

El aceite de palma (la grasa saturada principal, recomendada para proteger al hígado del daño causado por el alcohol) no sólo ayuda a prevenir el daño, sino que también ayuda en el proceso de curación, incluso cuando la dieta aún contiene substancias dañinas. Una dieta enriquecida con aceite de palma ha demostrado que revierte el daño hepático causado por el alcohol a pesar de la administración contínua del alcohol[6]. Una ronda de aplausos para el aceite de palma.

Conclusión

Es hora de cambiar todos los aceites que tenemos en nuestras cocinas por aceite de coco y aceite de palma. Los beneficios son demasiados. Para cocinar son los únicos que se pueden utilizar, ya que los demás aceites son pocos estables y se oxidan rápidamente, lo que causa una reacción en cadena en el cuerpo cuando los consumimos y promueven todo tipo de enfermedades.

Los aceites poliinsaturados son tan malos en general, que se oxidan con el simple hecho de ser expuestos a luz u oxígeno, por eso es que entonces lo pasan por el proceso de hidrogenación, que los hace resistentes a temperaturas más altas, pero como consecuencia, se crean grasas trans, las cuales no existen en la naturaleza y también causan daño.

Para cocinar es recomendado utilizar manteca de cerdo, grasa de res, aceite de coco y aceite de palma. Para utilizar en ensaladas y como aderezo, entonces podemos utilizar los aceites monoinsaturados y poliinsaturados, o sea, aceite de oliva, aceite de linaza, aceite de aguacate, aceite de almendra, etc. Otros menos conocidos, aceite de sacha inchi, aceite de la primavera, aceite de cáñamo (hemp) y semillas de calabaza. Con éstos no se puede cocinar porque se oxidan. También deben venir en una botella oscura y se deben refrigerar para mantener la calidad.

El aceite de pescado es muy bueno para combatir la inflamación y proteger el cerebro contra las enfermedades neurodegenerativas, pero este hay que conseguirlo de una fuente confiable por la misma razón, se oxida fácilmente y en vez de un nutriente se convierte en una toxina. Este se utiliza como la fuente principal del ácido graso esencial Omega 3 (EPA y DHA). Otras fuentes son el aceite de krill y el aceite fermentado de hígado de bacalao. Y de fuente vegetal el aceite de linaza y cáñamo.

Los aceites (grasas) que debemos evitar sin duda alguna son: el aceite de mazorca (maíz), soya, semilla de algodón y colza. Aparte de ser dañinos, la mayor parte provienen de ingredientes modificados genéticamente, como menciono más arriba.

Nota: No estoy sugeriendo la consunción de grasas saturadas en exceso o de ningún tipo de grasa, pero me enfoco bastante en el hecho de que las grasas saturadas no son la tragedia que muchos dicen ser sin distinguir el tipo, la fuente o calidad. Todas las grasas en su estado natural, sin procesos químicos, ni adictivos, modificación genética, etc., son en esencia saludables, pero consumir grasa animal después que estos animales son torturados, alimentados con basura, rellenados de químicos como hormonas y antibióticos y luego cocinadas en aceites dañinos, no es saludable para nadie en ninguna cantidad. Al igual que las grasas de fuente vegetal, si estas no son calentadas, refinadas, hidrogenadas, etc. todas son buenas en una dieta balanceada, pero cuando las alteramos de una forma u otra, empiezan los problemas.

Espero que la información te sea útil. Gracias por leer y no te olvides compartir.

Fuente:
– The Palm Oil Mirable by Dr. Bruce Fife
[1] Nanji, A.A., et al. Dietary saturated fatty acids: a novel threatment for alcoholic liver disease. Gastroenterology 1995;109:617-620.
[2] Purohit, V., et al. Role of fatty liver, dietary fatty acid supplements, and obesity in the… Alcohol 2004;34:3-8.
[3] ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8806875
[4] onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/hep.20861/pdf
[5] ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15051845
[6] ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11602676

CyAAtte: Alan Santana y La Bella Diaz
Página oficial © www.saludcasera.com

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