Un País, No Es Una Empresa

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Por: Rodolfo R. Pou (Arquitecto, Empresario & dominicano en el exterior)

Buscando inspiración para la intervención de esta semana, ruedo mi pulgar hacia arriba, deseando toparme con una expresión o evento que me motive o me conmueva. Pero en las plataformas sociales en las que todos pretendemos poseer una opinión constructiva, en verdad solo encuentro retoricas diluidas que responden a los ecos de las más imbéciles de nuestras neuronas, por parte de otros que se hacen llamar mis amigos.

Permeado de “Posts” de políticos fashionistas, luchas entre medios de comunicación de intereses indefinidos, hostigamientos sobre credulidad religiosa o sensibilidad humana, extremismos visuales, temores, tragedias, lastima y falsas airosas vidas proyectadas en pleno tecnicolor, es que opto por regresar a los lomos organizados de mis libros. Y en el más diminuto de los textos de mis tramerías, es que encuentro la incógnita que motivaría el ejercicio de esta semana.

Soy del pensamiento que dicta que, así como uno tiende a escoger canciones, lo inverso sucede con los libros. Cuando es de estos que se trata, son ellos los que escogen a uno. Y para confirmarlo, tengo a bien el tiempo, quien lo valida vez tras vez. Pues, aunque no entiendas el porqué una pieza literaria te escoge, acepta que lo que ella porta en el contenido de sus tripas, eventualmente lo requerirás. Así ha sucedido con la mayoría de los textos que guardo. Estos me han escogido a mí. Y hoy uno de ellos me eligió de nuevo. Pero esta vez, para que transmitiera este pensar. ¡Un País no es una Empresa!

A continuación: Advierto a mis compatriotas y conciudadanos, que pensarán que la ejecución de esta pieza, será una enfocada alrededor del concepto corrupción o el mal manejo de influencias o fondos que proveen los Estados. Este artículo en realidad, no posee la intención ni los alcances, ni mucho menos los objetivos, de traer esa conversación al tapete. Ese es otro ejercicio, del cual se escribe a diario en todos los medios del mundo. Sin embargo, es el tema que valida el enfoque de este. Uno que se inclina a desestimar la posibilidad de un empresario, manejando las decisiones y las políticas del Estado de un país cualquiera.

Un País no es una Empresa. La minúscula pero profunda obra de Paul Krugman, el columnista del New York Times y también economista galardonado con un Premio Nobel, es mi fuente esta semana. Y para quienes no conocen de su concepto, les exhorto que justo ahora, cuando la clase politica de las mayorías de nuestras naciones, parece haber defraudado o decepcionado a sus electores, antes de considerar que un empresario es la solución, visto una trayectoria exitosa y la promesa de emprendimientos y empleos, piénselo de nuevo. Porque las decisiones basadas sobre lo emocional, no son decisiones, en realidad son instintos. Y los instintos son tan solo eso. Como adultos, el tiempo nos muestra, que solo guardamos, damos valor y citamos los instintos que muestran ser certeros. Los demás, se quedan en el aire como comentarios de manga corta y nunca se citan.

“Así como lo que los profesionales de la gerencia aprenden en cursos o clases de economía,

no les servirá para echar a andar un negocio. No es menos cierto que,

lo que estos aprenden operando una empresa, tampoco les ayudará en formular políticas económicas.”

-Paul Krugman.

Para entender la observación de este artículo, es propicio que mantengamos el análisis tan solo sobre el orden económico y el resto de los componentes socio-culturales que pudieran presentarse entre las decisiones de un mandatario, al margen. Pues hoy día, la mayor exigencia de los pueblos, es la oportunidad de acceder a un empleo digno.

El pensamiento crítico para formular un análisis económico, es muy diferente de aquel que encabeza una gestión lucrativa. Por ejemplo, nos insinúa el autor. Si partimos de que la estructura gubernamental de cualquiera de nuestros países es una que porta una ordenación mucho más confusa, compleja y complicada, que cualquiera de las empresas que controlan industrias en nuestros países o de una de las multinacionales, por grande que esta sea, entonces la evidencia está en la caratula. Pero vayamos más a fondo.

Excluyendo los compromisos, presiones y fricciones internas, externas, sectoriales o naturales, pues por bien que un gerente comprenda de cómo funciona el patrimonio o la economía misma, lo cierto es que las herramientas que tendrá a su disposición como presidente, primer ministro, gobernador o alcalde, serán menos eficaces que los que tendría como jefe de una organización privada con fines de lucro. Las instituciones en el peor de los casos, llevan décadas operando bajo una burocracia que no tiene el más mínimo deseo de innovar. Es apática a la reforma. Y cuando lo es, cae en un ciclo de continua reforma y nunca logra implementar nada. A diferencia de las empresas, sin importar tamaño, estas pueden depurarse de empleados conflictivos, tecnología anticuada, sub contratar servicios, adquirir mejor personal capacitado. Druker nos enseñó que la agilidad tecnológica, logística, la innovación, la comunicación, el mercadeo y sus mecanismos de auto-corrección, hace de las empresas y sus directivos, figuras aparentemente potables y deseables para regir los valores de una nación.

El conflicto del adeudo de quien encabeza un Gobierno actual, trasciende su condición y cargo.

Porque un Estado tiene entre otras mil cosas, asegurar equidad, oportunidad, seguridad, dentro de un viable sistema

de peso y contrapeso entre los diferentes órganos sociales y sus actores.

Mientras que el de una empresa, es meramente generar beneficio. En el mayor de los casos, financiero.

Las multinacionales y las mayores de nuestras empresas nacionales, están de una forma u otra, atada a productos, servicios y eventos internacionales. Pero por más que una empresa este atada a las políticas de exportación, importación, el petróleo y la logística, aun así, le sería muy difícil procesar la relación entre la creación de empleos, la inversión internacional y los sistemas de intercambio libre. Y en un mundo donde la principal solicitud de las poblaciones en este nuevo siglo, lo es el derecho a una ocupación plausible, la globalización le ha dado una aparente respuesta esperanzadora. Se entiende que el país que más exporta es el que más trabajo genera y el que más importa, es el que produce menos empleo. Ese pensar pareciera lógico. Y es uno que continuamente es utilizado dentro de las retoricas políticas que pretenden perfilar al ambicioso orador, como economista o hombre de negocios. Pero la realidad es otra. Porque los instintos son tan solo eso.

Las exportaciones de una nación, son las importaciones de otra. Un peso en venta de exportación, del otro lado es un gasto. Así que el concepto de que los libres intercambios incrementaran el consumo mundial y por ende la generación de empleo y las economías de los países, es incierto. Lo único que puede generar empleo, es la demanda por un producto cuya producción requiriera de mayor inversión visto su escasez, y definido, determinado y decido por la demanda.

No obstante, la intensión no es suficiente para el otro lado de la moneda. En muchas de sus actuaciones, un gobierno tiene un control más o menos indirecto sobre los resultados de sus políticas públicas, pero nunca uno pleno, al menos que este sea un Estado totalitario o dictadura de partido. En un artículo que fuera publicado en VozPopuli este pasado marzo, Roger Senserichh, fundador de Politikon, nos explica en gran brevedad, pero de manera certera, la complejidad un gobernante en Estados Unidos.

“… el presidente realmente tiene poco poder institucional directo. Cualquier cambio institucional… requiere de la aprobación de nuevas leyes, y eso requiere de conseguir mayorías en el congreso. Por desgracia para el presidente, el procedimiento legislativo en uno bicameral con partidos políticos poco disciplinados como es el que tiene Estados Unidos es complicado, farragoso y bizantino… en un día bueno, y poco menos que kafkiano a poco que el presidente esté en minoría, sea impopular o los legisladores tengan ganas de marcha. Cualquier acción de gobierno requerirá a partes iguales…, flexibilidad mental, … ideas de consenso que puedan satisfacer a todas las partes implicadas en el proceso y voluntad de entender procesos legislativos complicados y reglamentos confusos llenos de requerimientos extraños. En esta clase de batallas, ser un tipo decisivo que da órdenes claras y directas no sirve absolutamente de nada; el congreso no funciona a base de pegarle gritos.”

El Estado de hoy, requiere de burocracia, nos dice Senserichh. Y efectivamente, sus compromisos son complejos, y una burguesía competitiva, intacta, con ordenamientos y normas estandarizadas y codificadas es la mejor manera de llevarlas a cabo. Nos agrega el politólogo que, … “por muy necesaria que sea, los políticos se enfrentan a dos problemas serios. Primero, ellos están de paso, mientras que los funcionarios permanecen. Un estado moderno es un ente poco menos que inmortal que no depende de su capacidad para ganar dinero para sobrevivir; los burócratas están ahí desde el amanecer de los tiempos, y conocen mucho más sobre cómo funcionan las cosas que el político o ministro de turno.”

A diferencia de un comerciante, un gobernante, tiene a todo ciudadano como cliente suyo. Desde los servicios básicos de agua, luz, transporte, salud, educación, seguridad y hasta velar por la independiente justicia. Mientras que el empresario por más que requiera o vele por su consumidor, este se puede dar el lujo de ignorar todo aquel que no le represente beneficio.

Una empresa que adquiere productos o servicios por medio de mercados o proveedores, tiene como procedimiento diario, negociar costos; transportar, ya sea enviar o recibir flotas de barcos, aviones y camiones para luego venderlos a los consumidores. Tienen una sola función. Comprar barato, vender caro y movilizar la logística que lo requiera. Las empresas por su parte, ya sean de servicios o productos, tienen un solo trabajo. Hacer que sus clientes compren el producto. Por eso es que estos individuos, rara vez comprenden las exigencias o criticas provenientes del pueblo que los eligió.

Lo que me lleva de regreso al inicio. Y opto otra vez, por buscar inspiración, rodando mi pulgar hacia arriba, deseando toparme con una expresión o evento que me motive o me conmueva. Pero en las plataformas sociales en las que todos pretendemos poseer una opinión constructiva, en verdad solo encuentro retoricas diluidas.

¿Son los exitosos empresarios mejores organizadores que cualquier político? Mencióname el ultimo empresario que se atrevió a asumir esa responsabilidad, y luego te preguntaré, ¿Qué tal?

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