Con nuevo amuleto, Barahona logra su mejor papel olímpico

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JEONGSEON, Corea del Sur — Hace cuatro años, en Sochi, Noelle Barahona llevaba como amuleto un dije en forma de copo de nieve. En Pyeongchang, la chilena utilizó otro obsequio de su madre en busca de buena fortuna.

“Mi mamá me lo cambió por otro, una coronita de princesa”, reveló Barahona.

Funcionó de maravilla. En una jornada en que ocho de 39 esquiadoras cayeron durante la prueba del descenso libre, Barahona se ubicó en el 25to puesto, el mejor de su vida dentro de cualquier prueba de esquí alpino en cuatro participaciones olímpicas.

“Esto es muy importante para mí, porque no se trata del deporte, sino de tus compañeros, tu familia, tus amigos, los que están en Chile”, contó la esquiadora de 27 años. “Desde luego, este deporte no tiene tanta tradición ni recursos en Chile, así que estoy feliz por este lugar, El recorrido de hoy fue durísimo, con muy buenos tiempos y con duras caídas. El recorrido estaba más zapateado (irregular), más difícil de lo normal, había muchas lomas y había que trabajar un poco más el terreno si ibas un poco más rápido. Estuvo difícil para muchas y para mí también. ”.

La competición marcó quizás también el adiós en el descenso libre de los Juegos Olímpicos para la estadounidense Lindsay Vonn, quien se quedó con el bronce. El oro fue para la italiana Sofia Goggia, con un tiempo de un minuto, 39,22 segundos, y la plata quedó sorpresivamente en manos de la noruega Ragnhild Mowinckel.

El registro de Barahona fue de 1:44,24. Cuando llegó a la meta, compitiendo en el 35to turno, se había formado ya un revuelo en torno de la línea de meta, por el bronce de Vonn y su casi segura despedida.

Nada que le moleste a Barahona, quien dijo admirar a Vonn y sabe que falta todavía para que los deportistas invernales latinoamericanos puedan acaparar la atención. Incluso, hizo una pausa para apreciar sonriente la ceremonia en que las tres primeras subieron a un podio donde se les entregaron tigrillos blancos de felpa, la mascota de los Juegos Olímpicos, llamada Soohorang.

“A veces es raro, cuando compites y hacen la ceremonia de premiación antes de que compitan todas y de que se vayan los espectadores. Dices, ‘¡oigan, yo también estoy aquí!’ Eso te puede golpear, porque puedes pensar ‘nadie tiene fe en mí’”, manifestó. “Pero sinceramente, tan sólo estar aquí vale todo. Hoy, cuando terminé, vi que estaba lleno el graderío, y eso nunca antes lo había visto. Fue una energía mágica y especial”.

Desde una de las butacas se levantaba una gran bandera chilena. Barahona sabía que ahí estaban sentados sus parientes, incluida la madre Yasmín y el padre Juan Pablo, ambos deportistas y héroes de la esquiadora.

“Mi papá fue campeón del mundo en vela. Yo realmente ni cerca de eso, y para mí ese hombre es un increíble deportista”, dijo con lágrimas en los ojos. “Mi mamá fue campeona sudamericana de windsurf. La bandera estaba puesta muy alta. La razón por la que estoy acá es porque nací en la cuna de ellos y no me quedó otra que ponerme las pilas y decir ‘quiero ser como ellos’”.

Los ha emulado. Sin títulos, desde luego, en una vertiente del deporte que no está normalmente en la tradición latinoamericana, pero con un esfuerzo enorme para superarse a sí misma, como lo consiguió el martes en la imponente montaña de Jeongseon.

Y con cuatro participaciones en Juegos Olímpicos de Invierno, en los que apareció por primera vez cuando tenía 15 años, en Turín 2006.

“Es muy loco. Cuando tenía 10 años y soñaba con estar acá, si alguien me hubiera dicho que lo iba a hacer cuatro veces, creo que no lo hubiera creído”, reconoció. “Son muchos años ya, con muchas ganas de estar acá y muy contenta. Una conoce gente increíble y vive unas cosas loquísimas. Así que muy feliz”.

Acto seguido, Barahona se fue corriendo para abrazar a sus familiares. Posiblemente haya agradecido el nuevo talismán. Y no es que el anterior le haya disgustado.

“Aquél era muy especial, me lo dio mi mamá cuando terminé el colegio”, recordó. “No lo uso ya en competencias, pero acá tengo otro copo de nieve, éste es para siempre”.

Y mostró la parte posterior del cuello, para revelar un tatuaje con esa imagen.

Con cuatro Juegos Olímpicos, Barahona lleva la nieve grabada en la piel. Y todavía competirá este jueves, en el combinado alpino.

https://apnews.com/d82d20d29ab54ff18368841ba7550f84

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