Profesor de Estudios Cubanos y Latinoamericanos de Harvard forzado al retiro tras acusaciones de acoso sexual

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El politólogo Jorge Domínguez ha sido una de las figuras más influyentes de los estudios cubanos y latinoamericanos en los Estados Unidos en las últimas décadas.

Desde el domingo, Domínguez ha sido suspendido administrativamente tras múltiples acusaciones de presunto acoso sexual de colegas y estudiantes de esa universidad. Y el lunes anunció su intención de retirarse al final del semestre.

“Me retiro de mi trabajo en Harvard al final de este semestre. Ha sido un privilegio servir a la Universidad”, escribió Domínguez en un correo el martes, en el que informaba de su decisión a la universidad. Domínguez dijo que no impartiría más docencia y que también había renunciado al resto de sus responsabilidades en esa institución.

Una investigación de The Chronicle of Higher Education publicada la semana pasada encontró a diez mujeres que dijeron haberse sentido incómodas con la conducta de Domínguez o haber sido acosadas por él. Tras el artículo inicial, más mujeres salieron públicamente a denunciar al académico, para un total de 18.

“Quiero dejar muy claro que el próximo retiro de Domínguez no cambia el proceso de revisión completa y justa que se está llevando a cabo actualmente. Él permanecerá en licencia administrativa hasta que concluya”, dijo Michael D. Smith, decano de la Facultad de Artes y Ciencias (FAS) en un comunicado enviado a el Nuevo Herald.

Anna Cowenhoven, encargada del marketing y las comunicaciones en FAS, agregó que la universidad también tomará en cuenta los resultados de la investigación interna para conceder los “derechos y privilegios” que normalmente tienen los profesores de Harvard cuando se retiran.

En 1983, una investigación interna de Harvard encontró que el académico había mostrado “una conducta indebida grave” con la entonces profesora asistente Terry Karl, quien habría reportado varios incidentes de acoso sexual a la administración de la universidad. En ese momento, Domínguez tenía permanencia, era el nuevo presidente de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) e iba a convertirse en el nuevo jefe del Departamento de Gobierno.

Pero el caso no impidió que Domínguez continuara su ascendente carrera.

Hasta este martes, Domínguez era el Profesor “Antonio Madero” para el Estudio de México en el Departamente de Gobierno y presidente de la Academia de Harvard para Estudios Internacionales y de Área. Entre el 2006 y el 2015, se desempeñó como vicerrector para asuntos internacionales.

Los incidentes relatados a The Chronicle por Karl, otras antiguas profesoras y estudiantes de la universidad abarcan varias décadas, desde 1978 hasta el 2015. Las mujeres denunciaron un patrón de acoso que incluía invitaciones fuera de la oficina, besos, abrazos y otros tipo de contacto físico no consentido, acompañados en ocasiones de recordatorios sobre la posición de poder que ocupaba.

Domínguez no estuvo disponible para comentar sobre las alegaciones. Su abogado León H. Hesten dijo al Herald que “por el momento, él ha optado por no comentar”.

“Estamos consternados”, dijo Andy Gomez, ex vicerrector de la Universidad de Miami, acerca de su reacción y las de otros colegas a estas acusaciones. Gómez y Domínguez impartieron juntos un curso en la Universidad de Miami sobre la revolución cubana.

“Estábamos alrededor de estudiantes y nunca vi un signo de este tipo de comportamiento”, dijo Gómez. “Considero a Jorge un amigo, pero quiero ser claro: no puedo tolerar este comportamiento. Parece que hay un patrón [en su comportamiento] y no puede haber espacio para el acoso sexual”.

Los artículos también han destapado críticas sobre cómo Harvard ha manejado las acusaciones contra Domínguez durante los años, varias de las cuales fueron reportadas previamente a la administración, según reportó The Chronicle.

The Harvard Crimson, el periódico de los estudiantes de Harvard, publicó un editorial en el que su junta admitía estar “decepcionada pero no sorprendida” de que la universidad no respondiera más firmemente a las alegaciones iniciales contra Domínguez y que este continuara ascendiendo dentro de la institución.

Una semana antes de que apareciera el primer artículo en The Chronicle, la universidad envió un correo a sus empleados y estudiantes recordando las políticas sobre acoso sexual. El viernes, varios representantes administrativos se reunieron con estudiantes y profesores del Departamento de Gobierno para tratar el tema. Ese mismo día, el rector de la universidad, Alan M. Garber, envió un correo en el que decía que “partía el corazón” leer las experiencias relatadas por las antiguas colegas y estudiantes de Domínguez y aseguraba que la universidad de tomaba “en serio” las alegaciones.

La Universidad no contestó preguntas sobre si conocía de las nuevas alegaciones, más allá del caso de Karl, pero envió dos correos al Nuevo Herald: el de Garber y uno enviado el domingo por Smith. En el correo, el decano de FAS anunció la decisión de poner a Domínguez bajo una licencia administrativa, “a la espera de una revisión completa y justa de los hechos y las circunstancias con respecto a las denuncias que han salido a la luz”.

“Quiero declarar inequívocamente que la FAS no tolerará el acoso sexual”, escribió.

En privado, varios académicos que estudian Cuba dijeron estar sorprendidos por las alegaciones. Pero en las redes sociales y a partir de las discusiones proomovidas por el movimiento #MeToo, antiguos estudiantes se preguntaban por qué el caso no había trascendido antes, ya que durante años circularon rumores sobre la supuesta conducta de Domínguez con algunas mujeres.

Domínguez nació en La Habana en 1945 y salió de la isla en 1960. Ha escrito decenas de libros y artículos sobre Cuba y América Latina. Su libro más reciente, publicado en 2017 en coautoría con varias investigadoras residentes en la isla, se titula Social Policies and Decentralization in Cuba: Change in the Context of 21st. Century Latin America.

Recientemente, el presidente de la Universidad de Miami (UM), Julio Frenk, encargó a Domínguez que elaborara un reporte con recomendaciones sobre qué hacer con el Instituto de Estudios Cubanos y CubanoAmericanos (ICCAS) y los Estudios Cubanos en esa universidad.

Domínguez tiene una posición permanente por lo que no puede ser despedido por el Departamento de Gobierno, solo por Harvard Corporation, la más alta instancia de la universidad.

“Si todas estas acusaciones son verdaderas, y no tengo razones para dudar de los detalles en los artículos, hay motivos suficientes para despedirlo y quitarle la permanencia”, dijo Gómez. “Estoy sorprendido de que Harvard haya manejado esto tan mal”.

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