Un reclamo desde la dignidad

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Puerta de Tierra y Fuerte de San Geronimo en el Viejo San Juan.

Por: José H. Rivera Madera (Asesor Legislativo & Político)

Históricamente el área central y montañosa de Puerto Rico ha sufrido de cierto tipo de apatía por parte de los gobiernos que insisten en centrar su poder y servicios en áreas metropolitanas. Su acceso a oportunidades se ha visto marginado debido a la falta de sensibilidad y de comprensión sobre su situación y esto ha desembocado en el empobrecimiento y emigración de ciudadanos que buscan un mejor porvenir para ellos y sus familias.

En la época luego del Huracán María, resulta un crimen el hecho de que el gobierno se haya empeñado aún más en ignorar y abandonar a estos conciudadanos que viven en la montaña en vez de brindarle la oportunidad de una verdadera recuperación.

Antes de continuar, vayamos a unos números anteriores al Huracán María. El Censo del 2010 arrojaba lo siguiente en varios pueblos del centro de Puerto Rico: de los 10 pueblos más pobres de Puerto Rico, seis eran en la montaña y de los 20 más pobres, 10 eran parte. Los tres pueblos con los porcentajes más altos de población bajo nivel de pobreza en Puerto Rico eran:  Maricao (64.2%), Adjuntas (61.7%) y Barranquitas (61.2%).

El porcentaje de la población total de Puerto Rico bajo el nivel de pobreza era de 45.5%. En cuanto a despoblación los números eran los siguientes: Lares perdió durante el periodo examinado el 15% de su población; en el caso de Las Marías, la reducción fue de 14%. Villalba perdió el 13% de sus habitantes, Utuado el 12%, y San Sebastián y Jayuya perdieron el 11% cada uno. De por sí ya esos datos nos deben resultar alarmantes y repito que  todos son anteriores al paso del Huracán María.

A estos números ya presentados, me gustaría añadirle unos datos que seguramente van a incidir directamente en aumentarlos a cifras aún más alarmantes. Este gobierno piensa cerrar en la montaña más de 60 escuelas y paulatinamente el Recinto de la Montaña de la Universidad de Puerto Rico en Utuado. Quiere decir que luego de 7 meses del paso de María y aunque la mayoría sigue a oscuras sin servicio de energía eléctrica y sin techo, el gobierno a decidido también dejarlos sin acceso a educación.

Los que hemos tenido la oportunidad de visitar municipios en el centro de la isla luego del paso del Huracán, hemos podido constatar la magnitud de la devastación ocurrida allí. Las carreteras siguen en estado deplorable y muchos de sus comercios se han visto en la obligación de cerrar sus puertas debido al alto costo del combustible para operar sus plantas eléctricas y en consecuencia esto ha aumentado el nivel de desempleo en el área y limitado sus recursos, alimentando así la desesperanza e incertidumbre.

Aún toldos azules de FEMA siguen siendo el techo de miles de humildes viviendas cuyos inquilinos ahora tendrán que caminar más lejos para poder llevar sus hijos a la escuela, los que puedan hacerlo. En cuanto a los universitarios que asisten al Recinto de Utuado de la UPR, muchos de ellos sobreviven y continúan estudiando a fuerza de becas y prestamos federales. Al cerrar la Universidad de su región, tendrán que sumarle al costo de su educación hospedaje, comidas, gastos de gasolina limitando la oportunidad de educación exclusivamente a quienes tengan los recursos para hacerlo.

En resumen los estudiantes de Utuado, Adjuntas, Lares, Jayuya y otros pueblos se verán obligados a buscar educación más cara, lejos de su hogar y bajo la preocupación de dejar a los suyos viviendo en condiciones precarias. Esto no puede ser aceptado por nadie en este país.

Así es la realidad de nuestros hermanos en la montaña, viven olvidados por el gobierno y encima ahora se les niega la oportunidad de mejorar su calidad de vida por medio de la educación, de crear y forjarse un futuro basado en sacrificios y en desarrollo personal. Se les niega con excusas su derecho a una vida digna, de educación que los guíe a conseguir un buen  trabajo y los obligan a irse lejos de sus seres queridos en tiempos de necesidad y precariedad.

Pero mientras se cierran escuelas a las comunidades pobres de la montaña, la persona que las cierra desde Hato Rey se gana $250,000 al año, mientras ellos siguen a oscuras, el jefe de la AEE encargado de darles el servicio de electricidad se gana $900,000 al año desde Santurce y mientras se propone aumentar el crédito a la UPR y cerrar el Recinto de la Montaña, se busca un Presidente para la Universidad  fuera de Puerto Rico que muy probablemente también contará con un sueldo exorbitante.

La vida, maestra al fin nos da lecciones. Ayer y todavía hoy, muchos sufrimos los contratiempos de un apagón de unas horas, imaginen llevar 7 meses bajo esas condiciones y sin la esperanza de mejorar, recibiendo solo excusas y promesas como respuesta a sus necesidades… es inconcebible!. Con estas terribles disparidades forjadas en el pensamiento de un gobierno elitista y ejercido mediante el abuso del poder, no hay manera de decir que Puerto Rico se levanta o se recupera.

Puerto Rico no es la Calle Fortaleza, Puerto Rico no son los centros comerciales, Puerto Rico son los hijos de esta patria que aún sufren en comunidades marginadas y mientras haya un hijo en sufrimiento, ningún padre se levanta o se recupera si no lo hace junto a él.

No callemos ante las injusticias, no olvidemos que las manos que se cuentan son las que se levantan y las voces que se escuchan son las que gritan desde el reclamo de la dignidad. Hablemos por los que hoy no tienen voz, que aquí nadie puede reclamar estar de pie hasta que no lo estemos todos!

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