Mi madre no cuenta

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El último domingo de cada mayo, el calendario dominicano le guarda el día, a quien todos podemos coincidir que, es el ser más importante de nuestras vidas. Nuestra madre.

Sin embargo, dentro del marco de ese jardín de rosas y mosquetas en el cual la ponemos una o dos veces al año, esta semana, las madres dominicanas se han visto indirectamente envueltas en una no deseada controversia, debido al bono distribuido a los miembros legisladores de la Cámara de Diputados. La porfía aparenta haber surgido como todo lo otro que surge de los estamentos gubernamentales en la patria. De las intenciones que bordean la fina línea de la politica y el provecho, salpicado por la generosidad y la gala.

A pesar de que pienso que ningún hijo debe delegar la celebración del Día de las Madres, a un particular o institución, entiendo como escenarios sociales específicos pueden presentarse, donde esa necesidad sea válida. Sin embargo, la esencia de este cuento es mucho más amplia y antigua. Y es uno en el cual todos hemos participado, queramos o no. Pues aparte de que los dominicanos tendemos a ver las cosas a través del lente que mejor nos impide ser miopes, la realidad es que el interés siempre se adjudica la verdad e impide que seamos racionales, cuando no somos los beneficiados de una acción. Somos bien suspicaces, en esos instantes. Y este es otro escenario que lo confirma.

Pero veamos ese enfoque desde la óptica ancha que les mencioné, y remontémonos bien atrás. A ese momento donde la dadiva colectiva comenzó a ser parte de nuestras vidas. Vayamos a la era de Trujillo. Periodo donde los dominicanos aceptamos de manera complicita, un bono de regalía de fin de año, porque estábamos convencidos que nos lo merecíamos. Ese gesto paternalista y populista, se justificó de igual forma como los que se plantean hoy. Permeados de preocupación social, con pinceladas del importante valor sobre la economía informal y las transacciones que la sostienen, como el estado financiero en general de la nación. Pero en aquel entonces, dentro de la microeconomía que manejaban las autoridades y las familias herederas, la inyección de un capital de esta envergadura, y de un solo golpe y sobre todo estratégicamente destinado a la joven economía urbana, que trataba de abrirse camino entre los establecidos patrimonios ganaderos y azucareros, creaba un increíble impacto en los servicios informales, los intercambios entre medianas empresas de servicios o microindustrias y el crecimiento del flujo. En fin, desde una óptica meramente económica, la regalía era legítima.

El dominicano y sus bonos tienen su historia. Y para que existan los bonos, las botellas, las funditas o cajitas,

tienen que existir aquellos dispuestos a recibirla o necesitarla.

Pero esa es una discusión sociológica y antropológica más extensa,

y la cual invito a que desarrollemos en otra ocasión.

La polémica de esta semana no tanto ha surgido de las madres que finalmente recibieran o no, los beneficios del bono. Sino de que el actual presidente de la Cámara de Diputados, Ruben Darío Maldonado, en realidad no tenía la intención de facilitar los argumentados RD$300,000 a cada uno de los 190 legisladores, para una supuesta fiesta que estos organizarían. Incluso, no creo que estaba de acuerdo con que los diputados sirvieran de canalizadores de esos fondos, en favor de una celebración para las madres necesitadas de sus circunscripciones. Era evidente, su oposición a la arcaica propuesta, porque como muchos de nosotros, entendía que el mecanismo solo sirve para alimentar las dirigencias barriales de los políticos, que viven de y en la politica, los doce meses del año. Pero de otro lado se argumentaba que el acto de festejar a las madres era un gesto noble y generoso, de distinción y a la vez de suplemento económico a la comunidad.

No nos podemos escapar de la realidad oculta que,

dentro de la generosidad existe una forma de poder y herramienta de corrupción.

No obstante, Maldonado se tuvo que doblegar ante tan viril ataque de pancartas y presiones de varios sectores y de madres mismas.

Ahora vayamos al plano de lo que vivimos fuera y nos denominamos miembros de la diáspora dominicana y como esto es relevante. ¿Recibieron los Diputados de Ultramar, el bono? ¿Fue de RD$300,000 ó fue de más? Porque eso apenas son US$6,000. Y a pesar de la apatía que algunos dominicanos sienten, en cuanto a congregaciones convocadas por políticos electos o no, en realidad, aparte de las dos docenas que están activados alrededor de las agendas motivadas por los representantes estatales o sus opositores, no veo a ninguna madre o ningún otro de lo que vivimos en “los países”, asistiendo a eso. No veo cómo encaja en la diáspora, el propósito del cual surgiera el “Bono de Celebración para el Dia de las Madres”. El concepto de ello está muy atado a regocijar a aquellas que no poseen los medios o recursos.  Por ejemplo, aquí en el Estado de la Florida, no es válida la propuesta, ni en Puerto Rico tampoco. El ingreso promedio de las mujeres de este Estado es de US$33,823 al año. Mientras que el ingreso medio de las de Puerto Rico, es de US$20,078. Comparativamente con los ingresos medios de la nación dominicana, sería absurdo compararlos.

Tampoco sé cómo pudiera llevarse a cabo con ese monto de RD$300,000, equivalente a US$6,000, pues eso no da ni para iniciar la convocatoria de una fiesta. Y mucho menos para una Circunscripción como a la que pertenezco, que abarca un Estado con 175,000 autodenominados dominicanos y cinco otros países con muchos más.

Particularmente no conozco a mis legisladores, Levy Suriel y Adelis Olivares. Ni mucho menos han visitado la circunscripción desde que fueron electos a un segundo término en el 2016. Pero eso es un asunto que abordaré en otra ocasión. Por el momento, me presto a ser alto parlante de mis vecinos y conciudadanos biculturales y criollos en el exterior, quienes se preguntan si sus Legisladores de Ultramar se prestaron para aceptar esos fondos. Y si lo hicieron, ¿con qué propósito? Pues les aseguro que, para muchos como yo en cuanto a bonos de esta índole, mi madre no cuenta.

Esperamos que los legisladores Suriel y Olivares se aconsejaron y actuaron como su colega Víctor Suarez Diaz de Santiago, quien presentó al presidente de la Cámara, una misiva donde declinaba los fondos correspondientes a su Circunscripción, por encontrar la iniciativa y los fondos, contraproducentes con sus funciones.

No obstante, como dice mi colega y amigo Amaury Márquez, “si no es el Bono de las Madres, entonces lo es el de Noche Buena, o el de los Reyes Magos, o el de las Habichuelas con Dulce. Incluso, no sé si hay uno de los Padres, cociéndose por ahí.” Lo cierto es que los dominicanos debemos alejarnos cada vez más del pedir y esperar. Que tenemos que llegar a un punto donde podamos capitalizar las oportunidades por las ofertas que están a nuestra disposición y no por lo que me están dando o me pueden dar. Mas bien, impulsarnos a ser y lograr alcanzar. Sacudirnos del gene que nos dicta asombro o suspicacia por lo que se reparte sin que nos toque. Llegar como nación, a un jardín de rosas y mosquetas. Abandonar de una vez y por toda el “dame lo mío”; el “¿dónde es que hay?” o el “¿quién es que está dando?” Desde la muerte del dictador, hay una corriente de pensamiento de que todos los dominicanos debemos coger. Que o somos ladrones o de lo contrario pendejos. Y eso no es así. Eso hay que enterrarlo.

Es cierto que no podemos escapar de la realidad de que en la generosidad existe una forma de poder, y que para que existan los bonos, las botellas, las funditas o cajitas, tienen que existir aquellos dispuestos a recibirla. Íntegramente, somos un pais orgulloso y trabajador, de grandes ambiciones, pero con muchas necesidades. Tenemos que buscar la forma de escapar esa dualidad que tenemos con todo. Que de lo que se reparte y nos toca, nunca tenemos queja. La óptica de valorar la propuesta de lo que se otorga o no, se ha perdido. Pero hace mucho tiempo. Hace demasiado tiempo de eso. Y espero estemos en camino a recuperarla. Feliz Dia de las Madres. Aunque la mía no cuente.

Ya hace dos décadas, que los empleados del país que, consideraban la “regalía pascual” como un derecho constitucional, han aceptado los cambios del concepto original de esa concesión. Hoy día la regalía es rara vez vista como bono, sino más bien como un avance de sueldos del año venidero o el resultado de un “san” al cual vienen abonando desde enero. Todas las bonificaciones que están surgiendo aparte de esa original, son meramente herramientas políticas.

La Circunscripción #2 de Ultramar representa los dominicanos del Estado de la Florida, Puerto Rico, Venezuela, Panamá, Curazao y San Martin.