Y los Diputados de Ultramar, que no!

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Cerré el artículo que intencionalmente publicara anterior a este, con el pensamiento, “vivir en el extranjero, no nos exonera de las incertidumbres o esperanzas de nuestra nación dominicana”. Complementé esas últimas palabras, con un llamado a las diásporas dominicanas, a reconocer que, fuera de la nación que nos vio nacer, nosotros en realidad no somos tomados en cuenta, a pesar de lo que se nos ha hecho creer. Que la corrección de nuestro rol en la patria será superada y definida, cuando aceptemos que solo somos una herramienta territorial, figurativa y económica. Y que como ejemplo, citaba los únicos elementos legales que hacían referencia a nosotros. Tres artículos constitucionales y un puñado de leyes sin importancia.

Lo cito porque, quiero enlazar los pensamientos de aquel artículo previo que llevó de titulo, “Las Leyes que Nos Representa”, con este que publicamos hoy.

Pero para entender ese cuadro, hagamos un poco de historia. Apartemos a un lado, esas ligeras leyes y artículos que nos constituyen y vayamos a cómo es que surgen los legisladores que nos representan. La iniciativa de Diputados para dominicanos en el exterior, se venía cociendo desde hace décadas, y es una que solo cobra fuerza, cuando la polarización del congreso comienza a diluirse y una fuerza comienza a asumir la gran mayoría legislativa y permanencia Ejecutiva, a inicios de siglo. La plaza de Diputados de Ultramar, se plantea como determinante para los dominicanos “ausentes”, y sus necesidades de inclusión y participación en los destinos de la nación. Pero en realidad, la plaza surge como necesaria para los partidos políticos que ven la oportunidad de ampliar su presencia territorial, sobre los auto-denominados dominicanos en el exterior, más allá de los favores y cargos que provee la rama Ejecutiva, cada cuatro años.

El evidente crecimiento poblacional y económico que había alcanzado la diáspora dictó su necesidad, pero no rol. Ya los criollos en el exterior simulaban en cantidad, una sexta parte de la población en la isla y representaban el 8% el producto interno bruto, con sus aportes de remesas. Era necesario plantear una curul representativa.

En la Constitución de la República Dominicana, proclamada el 26 de enero y publicada en la Gaceta Oficial No. 10561, del mismo día de 2010, es que surge el pronunciamiento de los Diputados de Ultramar. Allí, en el Titulo III “Del Poder Legislativo”; Capitulo I “De Su Conformación”; Sección 2 “De la Cámara de Diputados”; Articulo 81 “Representación y Composición”; 3) Siete diputadas o diputados elegidos en representación de la comunidad dominicana en el exterior. La ley determinará su forma de elección y distribución.

Hubo gran expectativa alrededor de la creación de diputaciones que representaran a dominicanos en el exterior. Como también hubo grandes criticas, cuando a dos o tres años de su elección, solo tenían gastos que mostrar. El retorno sobre la inversión había sido copiosamente negativo y nulo en el mejor de los casos.

Hoy, a apenas veinte meses de las próximas elecciones congresuales y seis años desde su elección inicial, las poblaciones que debieron ser personificadas por los Diputado de Ultramar, se sienten defraudadas y huérfanas de liderazgo y representación.

El traje le quedó muy grande, a los neo-legisladores. Los partidos se enfocaron en pagar favores a líderes mayores, suplir representación a tendencias y seleccionar candidatos que pudieran aportar con votos o fondos a sus campañas presidenciales. Su propósito nunca fue el que ellos legislaran a favor de la diáspora. Ni mucho menos que la representara.

Por ello la importancia de nosotros, los “de fuera”, estar conscientes de los artículos de la Constitución y las leyes que nos representan. Pero más aun, de quien nos representa. Levy Suriel y Adelis de Jesús Olivares Ortega, son figuras que fueron “bundled” en la boleta electoral. Son parte de un Combo de Fast Food Politico. No legisladores.

Y como ejemplo de nuestros reclamos, cae como anillo al dedo, la publicación de hoy, pues esta semana nos hemos encontrado con reportes de que uno de nuestros dos Diputados de Ultramar, el señor Levy Suriel, tiene más de un año que desertó, y actualmente está viviendo en la ciudad de New York, en pleno abandono de su Circunscripción. Acto que lo limita a presentarse por un tercer periodo, por la misma Circunscripción o cualquier otra. Pues se requiere de vivir no menos de cinco años en un territorio, antes de poder optar a representarlo legislativamente. Esto, según el Artículo 79 de la Constitución dominicana que fija como requisito que, para ser diputado y diputada, “ser dominicana o dominicano en pleno ejercicio de los derechos civiles y políticos, haber cumplido veinticinco años de edad, ser nativo de la demarcación territorial que lo elija o haber residido en ella por lo menos cinco años consecutivos”, es preciso.

Vacante la Plaza, regresemos a la constitución a ver qué nos dicta. Y justo dos párrafos antes, en el Artículo 77 se fija en su acápite 1) que, “Cuando por cualquier motivo ocurran vacantes de senadores o diputados, la cámara correspondiente escogerá su sustituto de la terna que le presente el organismo superior del partido que lo postuló; 2) La terna será sometida a la cámara donde se haya producido la vacante dentro de los treinta días siguientes a su ocurrencia, si estuviere reunido el Congreso y, en caso de no estarlo, dentro de los primeros treinta días de su reunión. Transcurrido el plazo señalado sin que el organismo competente del partido someta la terna, la cámara correspondiente hará la elección… 4) Las y los senadores y diputados no están ligados por mandato imperativo, actúan siempre con apego al sagrado deber de representación del pueblo que los eligió, ante el cual deben rendir cuentas.” Esperemos los 30 días citados.

Ahora, no es que la presencia del Diputado haya hecho falta, pues en realidad, su presencia en nuestra comunidad, aquí en el Estado de la Florida, durante sus seis años, ha sido prácticamente nula. No sabemos de ningún Proyecto de Ley o Resolución que haya presentado, aparte de la burlesca postura legislativa de cambiarle el nombre a la extensión de la 27 de Febrero, a Muñoz Marín. Así como tampoco sabemos de su record de votación o actitudes asumidas en nuestra representación. Pues entendemos que al ejercer esos votos desde hace seis años, lo hizo en representación de la comunidad que encarna. ¿O no?

Aparte de los tres televisores, que rifara el Diputado Suriel en su vasta circunscripción, en las Pascuas previo a las elecciones del 2016, y las 30 comidas en Termo-Pak que repartiera en Puerto Rico luego del ciclón, no se le conoce nada.

Aquí no existen Oficinas de ninguno de estos Diputados. Ni de Suriel ni de Olivares. Aunque mañana salga un ingenuo defensor a disculparlos. Ellos no hacen vida social, política o comunitaria en la misma. Mis Diputados no convocan consultas públicas “Town Halls”. No publican memorias de gestión, rendición de cuentas, plan de trabajo. No ceden programas de información, entrevistas, agenda anual, Resoluciones a considerar o Proyectos de Ley a Co-Patrocinar. Mis Diputados no se dejan ver. Y dudo que lo hagan a partir de mañana, a pesar de que las elecciones están a veinte meses.

Pero entre el colectivo de los compañeritos de la diáspora dispuestos a hacer llamadas, a pedir cedulas, a vestirse en colores partidistas y ser convocados a encuentros con propuestas recicladas, jugos aguados y música alta, los veré dentro de poco.

Esto es un llamado a la diáspora. Seamos serios. Exijamos respeto y representación. Hay que lograr mayores y mejores propuestas y no la creación de más estructuras de carácter político, que aquí no se necesitan. ¿O es que no quedó claro, que eres un “after thought”. Un instrumento territorial, simbólico y económico, con estatus de referencia, definido por tres artículos y un puñado de leyes. “Vivir en el extranjero, no nos exonera de las incertidumbres o esperanzas de nuestra nación dominicana”. Lo que hace es que nos obliga a participar e incluirnos en su agenda, si ha de nosotros tener una voz y un rol.

Pregúntate. ¿Qué puedes esperar de un Diputado impuesto? ¿No ves que la mayoría de ellos ni saben cuántos artículos posee la Constitución? Échale el ojo al video compartido centenas de miles de veces, de “El Show de Carlos Duran”, hace unos años. Y veras lo que siempre has sabido. Si los diputados no saben ni cuantos Artículos posee la Constitución dominicana, ¿qué puedes tú esperar, sobre las leyes que nos representan y los Diputados de Ultramar, que no!