Mexicanos quieren acabar con el status quo en elección

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Partidarios del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, del partido MORENA, aguardan a su candidato en el acto de cierre de campaña en el Estadio Azreca, Ciudad de México, 27 de junio de 2018. (AP Foto/Ramon Espinosa)

CIUDAD DE MEXICO — Hartos de la corrupción y la violencia, muchos mexicanos dicen que su país se prepara para una transformación histórica en la elección presidencial del domingo, pero otros temen que sea el inicio de una era de populismo con un régimen autocrático.

El pararrayos de estas opiniones tan divergentes es Andrés Manuel López Obrador, antes un fogoso izquierdista que ha moderado su tono y buscado alianzas en todo el espectro político luego de dos candidaturas presidenciales fallidas y de haber dirigido protestas masivas contra un presunto fraude electoral.

A pesar de su nueva imagen, el candidato de 64 años conocido como AMLO aparentemente confía más en la misión que se ha impuesto que en las leyes de la economía moderna, y promete arrancar el control del país a la “mafia del poder” contra la cual ha despotricado durante décadas.

Es tal el nivel de disgusto con el estatus quo político, las tasas de homicidio históricamente altas y la corrupción rampante que hasta sus rivales tratan de convencer a los votantes que representan el “cambio real”, y a la vez advierten que un triunfo de López Obrador significaría el comienzo de una era de derrumbe económico y régimen autoritario como en Venezuela.

“Lo que el pueblo ha establecido en esta elección es no a la continuidad del modelo neoliberal”, dijo el graduado en economía Rogelio Salgado, de 30 años, que piensa votar por AMLO. “El punto es sacarlos a todos, sin excepción”.

Salgado hace la lista de los males atribuidos al gobierno saliente del presidente Enrique Peña Nieto: bajo crecimiento económico, pandillas asesinas y un sistema judicial que no funciona. “Quién quiere una continuidad así? La población está harta”.

López Obrador encabeza la mayoría de las encuestas con 20 puntos de ventaja o incluso más. Pero el segundo en las preferencias, Ricardo Anaya _un político conservador joven, tecnológicamente diestro, que encabeza una coalición de centroderecha_ espera que quienes temen al izquierdista voten por él.

Algunos lo harán, como Alfonso Ulloa, de 33 años, especialista en gas natural en un organismo de energía del gobierno. Ulloa ha trabajado en los esfuerzos de México de abrir el sector energético estatal, con proyectos de importación de gas natural barato desde Estados Unidos, y teme que López Obrador cancele esos proyectos tan importantes para la economía.

“Voy a votar por el segundo lugar para quitarle un poco de peso”, dijo en alusión a López Obrador. “Lo principal es el atraso económico, y yo creo que AMLO va a darle en la madre al proceso económico”.

En tercer lugar va José Antonio Meade, candidato del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien promete mano firme y experiencia. Esto es importante en un país que enfrenta las agresiones, tan constantes como imprevisibles, del presidente estadounidense Donald Trump. Meade cuenta con la aceitada maquinaria de movilización del voto de un partido que tiene casi 90 años de existencia y 77 en el poder.

Pero lo que ha definido el debate hasta el momento es la corrupción.

López Obrador despotrica contra lo que llama la alianza non sancta de empresarios y políticos corruptos que ha desangrado a México y promete destruir esa relación en una transformación histórica nacional, tal como el presidente Benito Juárez deshizo el control de la economía nacional por la Iglesia Católica en la década de 1850.

“Voy a terminar con la corrupción”, dijo López Obrador a una multitud que lo aplaudía en las afueras de la capital. “Por el bien de todos primero los pobres.”

Anaya dice que el gobierno lo ha atacado directamente, al filtrar los detalles de una investigación por lavado de dinero que lo implica, y promete someter a Peña Nieto a la justicia.

“¿Saben por qué nos ataca el régimen de Peña Nieto?”, preguntó Anaya en un acto electoral en Ciudad de México. “Porque nos tienen miedo, y con toda razón, porque cuando yo sea presidente de México habrá una fiscalía que investigará al presidente Enrique Peña Nieto y su participación en los escándalos de corrupción del sexenio”.

La ruptura con Peña es importante: desde la primera transición democrática de México en 2000, el Partido Acción Nacional (PAN) de Anaya ha gobernado de la mano con el PRI al aprobar reformas económicas orientadas al mercado.

López Obrador atacó la alianza bipartidista en sus dos intentos anteriores de ganar la presidencia, y dice que son lo mismo.

Ahora, en su tercer intento, parece que ha llegado la hora de AMLO. La política económica orientada hacia el mercado ha logrado un crecimiento económico de apenas 1,3% anual, y todo México reaccionó con indignación cuando la primera dama Angélica Rivera fue sorprendida comprando una mansión a un contratista favorecido por el gobierno.

La ventaja de López Obrador en las encuestas es tan amplia, que buena parte de la atención está enfocada en si su partido MORENA, que es relativamente nuevo, puede ganar la mayoría en el Congreso.

Antes un iracundo, López Obrador se ha vuelto más jocoso. Cuando sus adversarios lo acusaron de beneficiarse con la injerencia rusa en la campaña, se autobautizó “Andrés Manuelovich”. Se hizo filmar en un video junto al mar donde dijo que esperaba una entrega de oro ruso.

Ha prometido una “transformación radical”, pero de acuerdo con su principal asesor, el empresario Alfonso Romo, sus medidas económicas serían más bien moderadas.

“No queremos nueva deuda, no queremos déficit”, dijo Romo. “Creo que estamos en una posición correcta, de en medio”.

Aunque las separaciones de las familias migrantes en la frontera por las autoridades estadounidenses han acaparado los titulares, la inmigración no ha figurado como tema de debate en la elección mexicana. Los tres candidatos principales se han comprometido a defender a los migrantes mexicanos en Estados Unidos, a pesar de los escasos medios con que cuentan para hacerlo.

El problema más inmediato del país es acaso la violencia. La tasa de homicidios va en camino de alcanzar los 25 por 100.000 para fines de año, y ninguno de los candidatos ha presentado propuestas concretas o creíbles para reformar la policía o mejorar la seguridad.

Las propuestas van desde lo extravagante _el candidato independiente Jaime Rodríguez pretende amputar las manos de los empleados públicos que roban_ hasta la vaguedad desesperante: López Obrador ha formulado la propuesta de una “amnistía”, que según sus asesores serían acuerdos de indulgencia penal o indultos para los cultivadores de la amapola o la marihuana.

“Se tiene que atender la inseguridad, estamos al tope”, dijo la mercadotécnica Joselín Valle, de 31 años. “Las propuestas no tienen ni pies ni cabeza”.

Finalmente, los tres candidatos discrepan acerca de quién será el más apto para manejar a Trump, ampliamente odiado en México.

Anaya destaca su conocimiento de idiomas y su destreza tecnológica. Meade confía en su experiencia en el gobierno, pero los intentos del gobierno actual de congraciarse con Trump lo han perjudicado.

López Obrador dice que no quiere reñir con Estados Unidos, pero algunos temen que un populista fogoso no sea el mejor para tratar con un populista locuaz.

Romo descarta este temor: “Hay un dicho que dice, dos abejas no se pican”.

Por: AP

https://apnews.com/fd5a57cb1df546eb95416a9c2c255a87

AP

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