¿Cómo nos comportaríamos si supiéramos que todas nuestras acciones, opiniones y decisiones

más allá de estar a la vista pública, fueran determinantes y prejuiciosamente en contra o favor nuestro?

Ese encabezado parece una pregunta tonta y hasta ilógica, pues toda gestión o quehacer de nuestra vida, eventualmente termina por impactarla. Incluso más ahora cuando todos tenemos a nuestro alcance, un parlante abierto y descriptivo de quienes somos y como pensamos.

Lo hacemos a diario, en las plataformas sociales y en los grupos de chat que compartimos con colegas, amigos y familiares. Espacios de expresión, donde emitimos posturas, promovemos ideales, exageramos experiencias, buscamos que nos celebren vanidades y le damos el visto bueno con “likes o corazoncitos” a cosas que nos agradan, a la vez que reaccionamos con “caritas tristes o enfurecidas” a otras que no. Cada uno de las casi dos mil millones de personas que utilizan el internet de manera recreativa o laboral, con sus acciones, dibujan a diario, el perfil de quienes son o quienes pretenden ser.

Esa sociedad paralela y virtual, se ha convertido en una sobre determinante en nuestras vidas, que entre ella y la real, ya no existen diferencias. Para aquel que no tiene roce cotidiano con uno, la única referencia de tu vida y tus opiniones, provienen de ese relato implícito, en esa psycho-esfera. Tan real como la frívola de carne y piel lo es, que las acciones y actitudes que allí se expresan, no poseen menos valor que las expuestas en la que hoy referimos, como real.

Ahora bien, ¿por qué hacer énfasis en el escenario tecnológico y su alcance social? Pues resulta que en los recientes días, ha surgido una ola de videos, posts y memes alarmando nueva vez, sobre el llamado que hiciera New York Times hace un año, en lo referente a como el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, en unisón con la línea política migratoria asumida por la Casa Blanca, donde establecía que a los potenciales inmigrantes que aspiraran a optar por una visa hacia los Estados Unidos, se le estaría recopilando información de las plataformas sociales que estos utilizan.

En aquel entonces no fijé postura alguna ya que la entendía como una retórica política post-electoral, que solo servía de instigación y reafirmación a los votantes que habían elegido al Presidente Trump. Sin embargo, cuando la información originalmente salió, confieso me sentí ofendido e incluso hasta acosado.

Estoy convencido de que en mi resonó un eco de otras voces que pensaban al igual que yo; pero no di pie a las emociones. Con el tiempo he comenzado a entender y hasta asimilar que, visto el actual ruido de este tema y nuestro alcance en lo relativo a los temas de la diáspora dominicana en los Estados Unidos, con los que me siento responsable de exponerles temas de su interés, entendí la necesidad de fijar postura definida al respecto en un tema de tan vital relevancia.

La medida aunque pueda ser validada por el muy folclóricamente bautizado entre los hispanos, “CUCO”, en este aspecto, el del terrorismo, es evidente que es el resultado los ecos políticos que proyectan al inmigrante como la causa de las dificultades financieras, falta de seguridad y la reducción en bienestar que los ciudadanos de la nación americana dicen sentir. Parte de lo argumentado que ayudó al Presidente Trump a ganar las elecciones, donde el inmigrante además de ser el síntoma, también es la enfermedad.

Pero antes de ser implementada esta medida, la misma debe agotar un proceso ejecutivo y para ello, el pasado abril se presentó al público mediante la página electrónica del “Registro Federal”, los documentos de la propuesta anexos a una especie de encuesta electrónica y para fijar dentro de los subsiguientes sesenta días la valoración del público.

En la divulgación de sus páginas se entendió claramente que los casi 15,000,000 de extranjeros que solicitan visas para ingresar a la nación americana cada año ahora tendrían que incluir en sus solicitudes, sus nombres de usuario de redes sociales, direcciones de correos electrónicos y números de teléfono que haya tenido en el pasado.

Anteriormente, esto solo era necesario cuando se requería un escrutinio adicional como al que se someten a aquellos que han viajado a países controlados por organizaciones terroristas o sospechosos de terrorismo y otros elementos considerados letales para esta nación. Las nuevas reglas además se aplicarían a prácticamente todos los solicitantes de visas para inmigrantes y no inmigrante, incluidos aquellos que desean venir a los Estados Unidos ya sean por negocios o educación, según el documento.

Al parecer disposición aún continúa en revisión, sin embargo, insinuaciones de su espíritu se han estado sugiriendo a los aplicantes. De ser impuesta según ha sido presentada además de los historiales señalados, los solicitantes de visa tendrán que disponer de hasta cinco años de información de su uso electrónico, estado de deportación, viajes internacionales o si algún miembro de la familia ha participado en actividades de terrorismo.

Pensaríamos que esto muy bien va en contra de los derechos innatos del ser humano, fijados en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estado Unidos. Y aunque el derecho a la libre expresión debe además velar por la privacidad de cada uno, publicar en un medio, sea este cual sea, te hace responsable de ese mensaje que emites y podríamos significar que sería casi igual a una publicación impresa. Todo lo que dices o la manera en la que acciones o demuestren como piensas, queda marcado de manera indeleble con un registro numérico. En el mundo de los adultos las palabras y las acciones conllevan a consecuencias.

Así como los derechos y libertades individuales terminan donde comienzan las del prójimo,

así de igual culminan los marcos de la privacidad individual donde inician las del orden público.

Además, cada país tiene derecho a determinar sus condiciones migratorias. Esa es una dualidad que a veces los dominicanos queremos evitar. Si tomamos de referencia que sobre Republica Dominicana y su realidad haitiana algunos queremos tener un punto de vista fijo expresado en playas extranjeras, mientras que aquí en Estado Unidos, queremos tener otra totalmente contradictoria.

No es que estoy aligerando mi postura como un latinoamericano en una diáspora pujante y laboriosa que ha sido beneficiado por los amparos y hospitalidad de esta nación. Es que luego de estar aquí los miembros de las diferentes diásporas latinoamericanas que vivimos en los Estados Unidos asumimos el comportamiento de la estructura social que rige este país norteamericano.

La amabilidad, cooperación, compasión y la libre expresión siempre podrán coexistir de manera conjunta y complementaria dentro de una sociedad participativa y productiva y sobre todo, bajo el manto de la ley. Por ello es necesario transferir el mensaje a los que quieren llegar a vivir en una sociedad, dicho por muchos, como la referencia viva de la democracia en el mundo que tienen que entender y aceptar que su comportamiento debe ir acorde con las leyes que este país otorga, como aceptar también las limitaciones que presenta. Porque la libertad de una persona termina donde comienza la del otro, sea con un Like o una carita enfurecida, fruto del desarrollo tecnológico del presente siglo.

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