Un trozo de papel arrugado que estaba colgado en un muro me tenía hipnotizada. Era el boceto de un niño de cabello oscuro con anteojos redondos que aparecía rodeado de sus familiares, quienes lucían disgustados. La página está cubierta de dobleces y manchada con lo que parece ser café. Sin embargo, ahí está, “el niño que vivió”, dibujado amorosamente por la propia J. K. Rowling, seis años antes de que el primer libro de Harry Potter fuera publicado.

Detrás del imponente muro de un castillo, se encuentra Harry Potter: A History of Magic, una completa exposición organizada en la Sociedad Histórica de Nueva York que traza los orígenes de la historia de Harry, no solo a través de la óptica del proceso de escritura, sino con las distintas influencias históricas, culturales y científicas que inspiraron la magia presente en los libros.

No obstante, fueron estos bocetos antiguos los que captaron mi atención: una alegre profesora Sprout rodeada de sus plantas; Argus Filch, el vigilante de Hogwarts, con su llavero; Harry merodeando los pasillos de Hogwarts con Hermione, Ron, Neville y “Gary”, a quien ahora los lectores conocen como Dean Thomas.

Siempre supe, como la mayoría de los fanáticos, que Rowling trabajó en esa historia durante años, mientras escribía notas en servilletas y extraños pedazos de papel. Sin embargo, hay algo profundamente conmovedor en imaginarla dibujando las franjas en la camiseta de Harry o las pecas en la cara de Ron mucho antes de que pudiera pensar que alguna persona valoraría su trabajo.

Con el paso de los años, el universo de Harry Potter se ha expandido en todas las direcciones. Hay una obra de teatro en Broadway que lleva su deslumbrante magia al escenario. También están los parques de diversiones con sus gigantescas réplicas de Hogwarts y las películas derivadas que serán lanzadas en los próximos años. Para algunos, esta exhibición podría parecer simplemente otra herramienta promocional de un imperio que siempre busca crecer. Sin embargo, hay algo especial en revisitar el proceso de escritura que vuelve a encender la magia original e incinera cualquier cinismo.

Esto es lo que la exposición —que se creó a mediados del año pasado en la Biblioteca Británica— logra muy bien. Al conmemorar los veinte años de la publicación original en Estados Unidos de Harry Potter y la piedra filosofal, la muestra tiene algo para chicos y grandes, para amantes de la historia y para quienes adoran la ciencia, para Potterheads o para fanáticos comunes. Las salas están organizadas conforme a las materias de la escuela de Hogwarts, lo que significa que los visitantes avanzan de la sala de Pociones a la de Herbología y de ahí pasan a la de Encantos hasta alcanzar la de Cuidado de Criaturas Mágicas, donde las sombras de unicornios y centauros pasan apresuradamente por el muro.

Aunque hay muchos momentos fantásticos, este no es un recorrido por un estudio fílmico ni un parque temático. La gran cantidad de objetos en exhibición conforman un puente entre el mundo real y el ficticio. Por ejemplo, en los libros, Nicolas Flamel fue el legendario creador de la piedra filosofal, un objeto capaz de convertir el metal en oro y conceder la inmortalidad con su elixir de la vida. Sin embargo, no fue hasta que vi su verdadera lápida (un préstamo de parte de Musée de Cluny — Musée National du Moyen Âge, en París) que me di cuenta de que no era ficción. Resulta que era un terrateniente medieval y vendedor de libros que quizá —o quizá no— se topó con un extraño manuscrito que le ofrecía las pistas para la piedra filosofal.

Otros objetos parecerán familiares para los lectores: un bezoar, una piedra removida del estómago de un animal, como la que Harry usó después de que Ron fue envenenado; un planetario del siglo XVIII, un modelo del sistema solar con diminutos planetas móviles, que parece directamente sacado del salón de clases de Sybill Trelawney, y un panfleto de 1680 sobre la verdadera naturaleza del mítico basilisco, una serpiente con colmillos a la que Harry se enfrenta durante su segundo año en Hogwarts.

No obstante, la exhibición también pinta un panorama más amplio sobre la historia de la magia porque muestra elementos pertenecientes a una variedad de culturas y mitologías. Una edición del siglo XIII de Liber Medicinalis tiene una cura para la malaria que incluye escribir la palabra “Abracadabra”. El Rollo Ripley del siglo XVI, de casi 6 metros de longitud y bellamente ilustrado, contiene secretos sobre el elixir de la vida. Un libro etíope de recetas que data de 1750 está lleno de encantos, talismanes y hechizos para protección.

Los niños se deleitarán con las secciones más interactivas de la exhibición, incluida una estación de fabricación de pociones, donde logré usar los ingredientes correctos para preparar digitalmente un tónico que me protegería de los goblins nocturnos. Una serie de cartas de tarot electrónicas me dijeron que estoy a punto de lograr mis metas. Hay una capa de invisibilidad colgada —astutamente— en una caja de vidrio y un alegre estudio de las llaves aladas escruto por Jim Kay, uno de los varios ilustradores que han trabajado con el universo de Harry Potter a través de los años.

Para algunos, los antiguos rollos y manuscritos serán el atractivo. A otros les encantará ver las numerosas representaciones históricas de criaturas como los hipogrifos y las sirenas o una escoba de una bruja del siglo XX llamada Olga Hunt, quien puede ser vista saltando en los páramos de Devonshire cuando hay luna llena.

No obstante, como escritora de ficción para adultos jóvenes —sin mencionar que también soy una veterana de un club sobre literatura infantil que inició con Harry Potter— debo admitir que los libros fueron el centro de la exposición para mí. Estaba encantada por cada trozo que me permitiera tener una mirada más cercana del proceso de escritura, como las cartas entre Rowling y su editor estadounidense, Arthur Levine, o un mapa de Hogwarts en el que un calamar gigante puede ser visto en el lago.

Si se preguntan cuál fue el objeto más encantador de todos, se trata de una nota de Alice Newton, hija del único ejecutivo editorial que le dio una oportunidad a la saga. En la letra de la niña, se lee: “La emoción en este libro me hace sentir bien en el interior. Pienso que es posiblemente uno de los mejores libros que un niño de entre los 8 y los 9 años pueda leer”.

Hacia el final de mi visita, me di cuenta de que había un área de estudio que faltaba: la transfiguración. En los libros, este es el muy difícil arte de cambiar una cosa en otra —un ratón en una tabaquera o un erizo en un alfiletero—. El curador asociado para exhibiciones de la Sociedad Histórica de Nueva York, Cristian Petru Panaite, me dijo que era un poco desafiante ilustrarlo mediante el uso de objetos tangibles.

Sin embargo, tal vez la experiencia completa es un tipo de transfiguración. Ingresas al recinto y dejas atrás la ajetreada calle, abandonas el desordenado y caótico mundo, y durante un breve periodo puedes desaparecer en la magia de Harry Potter. Los lectores han hecho ese truco durante las dos décadas pasadas. Ahora otros tendrán la oportunidad de intentar el mismo hechizo.

Lo más destacado de la exhibición

A continuación mis 9 ¾ objetos favoritos en la exhibición de Harry Potter.

1) ESTUDIO DEL ANDÉN NUEVE Y TRES CUARTOS

Jim Kay creó los colores brillantes y la atmósfera vibrante en esta pintura del andén nueve y tres cuartos, el famoso pasaje al Expreso de Hogwarts donde Harry comienza su viaje al mundo de la magia. Fue hecha para la portada de la edición ilustrada de Harry Potter y la piedra filosofal.

2) EL MAPA ESTELAR DUNHUANG

Hay algo que genera asombro al ver el atlas del cielo nocturno más antiguo del que se tiene conocimiento. Fue creado alrededor del 700 d. C., pero todavía es sorprendentemente preciso, al desplegar más de 1300 estrellas.

3) COLMILLO DE NARVAL

Ninguna exhibición de magia está completa sin un cuerno de unicornio. Pero como son difíciles de encontrar, el largo colmillo de un narval —”el unicornio del mar”— es un remplazo apropiado.

4) REPORTE DE LECTURA DE ALICE NEWTON, DE 8 AÑOS

Es difícil no preguntarse qué hubiera pasado si la pequeña de 8 años Alice Newton, hija de Nigel Newton, el director ejecutivo de Bloomsbury, no hubiera sido cautivada por Harry Potter cuando su padre llevó a casa el manuscrito y ella lo salvó del olvido.

5) EL CUADERNO DE APUNTES DE LEONARDO DA VINCI

En estas notas y diagramas, la Tierra es mostrada como el centro del universo y la Luna está cubierta de océanos. Los “mares” lunares de hecho están hechos de lava. Sin embargo, aún es fascinante ver el trabajo de un genio.

6) UNA RAÍZ DE MANDRÁGORA

En Hogwarts, las raíces de las mandrágoras son bebés llorones cuyo llanto puede ser fatal. Esta raíz verdadera —del siglo XVI o XVII— también luce inquietantemente como los humanos. Pero solo es venenosa si te la comes.

7) NOTAS SOBRE EL SOMBRERO SELECCIONADOR

Desde sus encantadores bocetos hasta la lista de métodos alternativos para designar a los estudiantes de las casas de Hogwarts, estas anotaciones ofrecen un vistazo a la imaginación de Rowling.

8) LÁPIDA DE NICOLAS FLAMEL

A diferencia de su representación en los libros de Potter, el verdadero Nicolas Flamel no vivió hasta los 665 años, pero sobrevivió hasta superar los 80, que —en el siglo XV— debió parecerse a estar cerca de esa edad. En 1410, diseñó su propia lápida, que está tallada con imágenes de Cristo, san Pedro y san Pablo.

9) EL ROLLO RIPLEY

El manuscrito es una de solo veintitrés copias en existencia, basado en las enseñanzas de George Ripley, autor del trabajo de 1471 llamado El compendio de alquimia o Las doce puertas que llevan al descubrimiento de la piedra filosofal. Este poco común pergamino incluye instrucciones para preparar el elixir de la vida. De casi 6 metros de largo y simbólicamente ilustrado, es un verdadero punto destacado de la exhibición.

9 ¾) UN MERMAN

Aunque no es un verdadero merman, este ejemplo de un ningyo —que se traduce como “pez humano”— japonés es sorprendente. Resulta que tiene tres cuartos de una carpa, lo que lo convierte en una adición perfecta a esta lista.

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