Para Rosana Elena Guernica, pisar el museo de Roberto Clemente de la ciudad de Pittsburgh es emocionante.

Por un lado, ella nació en Puerto Rico, igual que el legendario beisbolista. Pero sobre todo porque la visión y generosidad de la estudiante boricua le merecen sentir una conexión con el hombre que murió al caer el avión en el que llevaba ayuda a Nicaragua, tras un terremoto.

“Honestamente esa conexión fue bien emocional para todo el mundo”, dice Guernica, una joven mujer que marcó diferencia el año pasado por sus esfuerzos de ayuda a su Puerto Rico luego de la devastación del huracán María.

Se dice fácil, pero Rosana orquestó y dirigió una serie de misiones para llevar a la Isla 76,500 libras de medicinas y suministros básicos, y transportar a 296 personas enfermas para que fueran atendidas en Estados Unidos, prácticamente salvándoles la vida dadas las condiciones que en ese momento existían en Puerto Rico.

Por sus increíbles acciones, Rosana Elena fue reconocida en semanas recientes por la NFL, a través de los Pittsburgh Steelers, con el Premio al Liderazgo de la Herencia Hispana.

Rosana (segunda de la izq.) fue reconocida en el estadio de los Steelers.

Con cinco años estudiando en la prestigiada universidad de Carnegie Mellon, la nacida en Carolina, Puerto Rico, recibió hace un par de semanas un cálido aplauso en el estadio Heinz Field, la casa de los Steelers.

“Fue un inmenso honor, sé cuánto significa eso (los Steelers) aquí”, dice Rosana, quien nunca había estado en un juego de la NFL, aunque en realidad lo único que a Rosana le importa es seguir con su misión de ayudar. “Para mí el reconocimiento no es lo importante, estoy más emocionada por el trabajo que hemos podido lograr y lo que haremos en el futuro”.

Como galardonada por los Steelers, ella designó a su propia fundación (296+) para recibir $2,000 entregados por la NFL y Nationwide, marca patrocinadora.

Respuesta ante la tragedia

Todo empezó cuando a la sombra del huracán María, que a finales de septiembre de 2017 causó catastróficos daños en Puerto Rico, Rosana quería enviarle agua a una mujer que la necesitaba. Al buscar cómo hacerlo se enteró de que American Airlines estaba transportando ayuda gratis para sus empleados.

La señora que ella quería ayudar murió por falta de agua, según Guernica. Pero de ese intento se le ocurrió la idea de rentar un avión privado para llevar ayuda a la Isla.

“La idea era ayudar a gente que iba a morir por falta de agua o por falta de tratamiento médico”, explica Guernica, quien una semana más tarde, tras recabar dinero, abordó su primer avión.

La primera vez le alcanzó para rentar un avión de $19,000 para ocho personas y 1,000 libras de medicamentos. Fue acompañada por un médico boricua de la ciudad de Pittsburgh y contactó a doctores en Puerto Rico a través de amigos suyos para encontrar a pacientes que necesitaban ayuda.

Así aparecieron las primeras seis personas que sacó de la Isla, con destino a Fort Lauderdale, Florida. De esos seis, uno falleció dos semanas después, pero no por los efectos del huracán, sino por un cáncer avanzado. “Por lo menos no falleció solo en su casa sin agua ni electricidad”, dice Guernica con solemnidad.

La estudiante en una de sus misiones en Puerto Rico en 2017.

Rosana y sus asociados, la mayoría de ellos estudiantes, pudieron reunir más dinero para hacer un segundo vuelo. Y la operación se fue repitiendo cada vez con mejor planeación y resultados.

“En un momento llegamos a rentar un avión de $70,000 en el que transportamos 20,000 libras de medicamentos y suministros de emergencia y en el que fueron sacadas de Puerto Rico 140 personas”, dice la estudiante de maestría de política pública y admnistración.

Fueron en total cinco viajes a la Isla y, más adelante, un vuelo de retorno con dos niñas que padecían microcefalia, quienes habían sido evacuadas pero no podían regresar a casa, una causa en la que contribuyó la Fundación del expelotero Jorge Posada con $10,000. En total, Rosana fue capaz de recabar $250,000 de generosa ayuda para financiar las misiones.

“Mucha gente me decía, ‘Relájate. No hay nada que puedas hacer’. Pero yo lo hice”, asegura Guernica, muy agradecida con las innumerables personas que le ayudaron y con quienes donaron dinero. “Me encontraba muy consternada, pero me rehusé a resignarme sobre mis opciones”.

El problema más típico de los pacientes que Rosana y sus compañeros ayudaron era la diabetes, porque en Puerto Rico no había manera de conservar fría la insulina, según explica. Ellos no estaban en los hospitales porque no podían recibir ayuda, así que los pacientes estaban en sus casas, en casas de familiares o amigos, y en refugios.

Este es el Premio al Liderazgo de la Herencia Hispana que entrega la NFL.

La NFL y los hispanos

Historias ejemplares como la de Rosana se repiten todo el tiempo en Estados Unidos y emergen con mayor fuerza gracias a la iniciativa de la NFL de destacar a hispanos que demuestran ser líderes en sus comunidades.

“Personalmente, uno de mis momentos favoritos de todo el año es cuando leo acerca de todos estos ganadores con todo el trabajo positivo que han hecho, me conmueve. Es un rayo de sol en este trabajo”, dice Marissa Fernández, vicepresidenta de estrategia de marketing de la NFL.

Fue en 2002 cuando la NFL dio sus primeros pasos para celebrar a los hispanos, pero hace ocho años el trabajo se formalizó tras una alianza con la Fundación de la Herencia Hispana. Así surgió la entrega de premios a hispanos de gran liderazgo, los cuales se designan durante el Mes de la Herencia Hispana cada año. Son 32 hispanos reconocidos, uno por cada equipo de la liga.

“Queremos celebrar y mostrar las contribuciones de los hispanos de la NFL, y eso incluye fans, jugadores, entrenadores, empleados, a nivel nacional”, agrega Fernández, quien tiene sangre cubana y que creció siendo aficionada de los NY Giants. “Lo vemos como un impulsor de crecimiento de nuestra base de aficionados”.

Entre la vida y la muerte

En sus misiones de ayuda a Puerto Rico, Rosana Guernica vivió momentos dramáticos, entre la vida y la muerte de los pacientes a los que intentaba ayudar.

Rosana revela que su momento más difícil, desde el punto de vista emocional, ocurrió el 10 de diciembre.

Rosana Guernica, una hispana ejemplar.

Tres personas casi fallecen durante el vuelo. Teníamos un excelente grupo de médicos y los pacientes ahora están bien, pero estaban en una condición tan mala que en ese vuelo de tres horas y media ellos peligraron”, cuenta Guernica.
Comparte Guernica que cuando se preparaban para abordar la nave, una paciente no llegaba al avión. Al empezar a buscarla, vio la bolsa de la mujer afuera de un baño.

“Lo que encuentro es una mujer débil de 85 años sentada en el baño con la puerta atrancada. Yo la puedo ver y parece como si no puede respirar y le digo que toque la puerta si puedo entrar, y ella toca la puerta”, relata Guernica, quien había llevado desde Miami dos compresores de aire y se le ocurrió utilizar uno de ellos para tratar de ayudar a la paciente, pero ésta seguía sin poder respirar.

Rosana dice que salió corriendo en busca de ayuda. El problema era la flema acumulada de la mujer, razón por la que se estaba ahogando. “Ese fue el momento más horrible”, dice Guernica, ya con voz quebrada durante la entrevista. Aquella mujer luego trataba de calmar a Rosana, inconsolable.

“Los otros dos pacientes que casi fallecieron en el viaje necesitaban más ayuda. Lo que yo podía ofrecer no fue suficiente, pero fue su única opción. Para mí eso fue bien doloroso”, reconoce.

Otro momento fue el de una madre que no podía encontrar en la Isla el medicamento para su niña, que padecía de convulsiones. Rosana logró que un doctor en Estados Unidos prescribiera la receta y le llevó la medicina.

“Cuando le traje el medicamento en el aeropuerto se puso a llorar”, recuerda la estudiante. “Sólo nos abrazamos llorando juntas”.

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