Muchos se preguntan si la paz en Colombia corre riesgos luego de que las negociaciones entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) se truncaran. La pregunta es: ¿cuál paz? Tras haberse firmado el acuerdo entre la Administración de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) —convertidas en partido político tras cerrar el pacto—, situación que le garantizó al entonces presidente la obtención del premio Nobel de la Paz en diciembre del 2016, el conflicto armado entre el Estado y los movimientos guerrilleros no se detuvo, todo ello sin mencionar los daños colaterales del narcotráfico.

A pesar de la desmovilización de aquel grupo insurgente, desde el ámbito revolucionario se sostiene que se habrían violado puntos del tratado y atentado contra la integridad de sus miembros y otros dirigentes sociales. Además, algunas facciones de las ex FARC, disidentes al acuerdo, continuaron operando en territorio colombiano, incluso en la actualidad.

Así las cosas, el movimiento rebelde más importante de Colombia, que todavía no se desintegró, es el ELN, cuyos miembros desarrollan enfrentamientos armados contra el poder político y militar colombiano desde hace más de 53 años. Con este grupo, de ideología marxista, todavía no se logró firmar ningún pacto para pacificar el país, y peor aún: desde que cambió la Administración de la nación cafetera se anularon las conversaciones y la cuestión se sigue dirimiendo a balazos.

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