WASHINGTON — A dos años de la presidencia de Donald Trump, sus aliados en el Congreso discretamente intentan influenciar e incluso moldear su agenda para la política exterior basada en “Estados Unidos primero”.

El Senado con mayoría republicana se reafirma como verificador de los instintos de Trump, mientras que individualmente los legisladores republicanos buscan influenciar la política en el Medio Oriente, Latinoamérica y más allá.

En cuestión de una semana, el senador de Florida Marco Rubio lideró a un grupo de legisladores a la Casa Blanca para motivar a Trump a respaldar al líder opositor venezolano, Juan Guaidó, como presidente interino. Trump tuiteó su apoyo. Días antes, el senador de Kentucky, Rand Paul, estaba en la Casa Blanca para reforzar el plan de Trump de retirar las tropas estadounidenses de Siria y Afganistán.

El resultado puede parecer una política exterior oscilante, pasando de fuertes retóricas a acciones más medidas ya que “una serie de voces distintas en el Capitolio intentan dejar su huella en la política”, dijo Brian Katulis, ex asesor de seguridad nacional en el gobierno de Bill Clinton y ahora parte del Centro para el Progreso Estadounidense.

“Es una especie de gran improvisación dirigida por el presidente de Estados Unidos, que realmente no sigue ninguna de las notas o pautas de música”, dijo Katulis. “Parece que inventa cosas conforme avanza”.

Para establecer las pautas en el Senado, el primer proyecto de ley del año reafirma las sanciones contra funcionarios sirios involucrados en crímenes de guerra y pronto incluirá una enmienda que toma la medida inusual de oponerse al plan de Trump de retirar soldados de Siria y Afganistán.

Presentada por el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, la ley también crea división política en los demócratas, sobre todo quienes se postularán para la presidencia en 2020, por el retiro de soldados y una cláusula que apoya a Israel.

Rubio, quien dirigió el debate en la sala y surge como líder en política exterior, dijo que el voto era para asegurar que los senadores y la rama legislativa “tengan una participación correcta para fijar la política exterior estadounidense”.

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