MOSCÚ — Cuando casi todos los manifestantes se iban a sus casas luego de una reciente protesta antigubernamental, los únicos que quedaban en las calles eran jóvenes.

“En mi círculo, cada vez más gente se pliega a las protestas”, dijo Andrei Zabara, estudiante de teatro de 20 años que era uno de los pocos que permanecieron acampados en las calles de Moscú tras una protesta del domingo. “Mis padre apoyan la manifestación. La muchacha que transmitía en vivo vía streaming en Instagram anoche, su madre la ayudaba y nos trajo comida. Pero (a los padres) les asusta ir a las manifestaciones”.

Muchos rusos nacidos durante los 18 años de gobierno de Vladimir Putin, gente como Zabara, eran considerados hasta hace poco sus más fieles partidarios. Pero denuncias de corrupción y las políticas de Putin están haciendo que muchos rusos jóvenes se opongan ahora al líder.

En la década posterior al derrumbe de la Unión Soviética, las manifestaciones callejeras eran encabezadas por cincuentones y sesentones desencantados con el capitalismo mientras que sus hijos trataban de adaptarse a la nueva economía de mercado. En el 2011, cuando Putin anunció que volvía a la presidencia, fue la clase media la que salió a las calles a protestar lo que consideraban un sistema político injusto y arcaico. Pero la violenta represión de un acto en mayo del 2012 y los juicios a decenas de manifestantes asustaron a las personas de mediana edad.

Ahora sus hijos tomaron la posta. El rígido sistema político ruso no da espacios para manifestar descontento y los jóvenes están apelando a protestas no autorizadas, ignorando las advertencias del gobierno y la brutalidad policial.

“Los jóvenes salen a las calles en representación de sus padres, no en contra de ellos”, dijo la analista política moscovita Ekaterina Schulmann. “Sus padres los apoyan. Tal vez los asusten los riesgos, pero comparten los mismos valores”.

Zabara afirma que sus padres apoyan su activismo pero no se animan a salir con él a la calle, temerosos de perder sus empleos. Algunos adolescentes, no obstante, van a las manifestaciones con sus padres.

Yevgeny Roizman, quien fue alcalde de Ekaterimburgo, la cuarta ciudad más grande de Rusia, y es considerado uno de los políticos de oposición más populares de su región, dijo que la presencia de la juventud en la manifestación del domingo en Ekaterimburgo fue mucho más alta que la que esperaba.

“Los jóvenes están saliendo por nosotros y sufriendo los golpes”, expresó en un video de un blog esta semana, agregando que los mayores deberían “sentirse avergonzados”.

Más de 1.000 personas fueron detenidas en manifestaciones en toda Rusia el domingo.

Esta nueva ola de protestas antigubernamentales estalló en la primavera del 2017, cuando un líder opositor, Alexei Navalny, difundió en YouTube un informe sobre la riqueza del primer ministro Dmitry Medvedev. El video tuvo más de 27 millones de vistas y movilizó a mucha gente joven.

Viktor, un estudiante de secundaria de 16 años que pidió no ser identificado por su nombre completo por temor a tener problemas en su escuela, dijo que empezó a ir a las manifestaciones el año pasado. Cree que los manifestantes están listos para escalar las cosas.

“Veo una transformación en la juventud. Antes en las manifestaciones gritabas todo lo que querías y después te ibas a tu casa”, señaló. “Ahora la gente se queda. Se organizan manifestaciones de 24 horas y marchas hacia el Kremlin”.

En la manifestación del domingo, varias decenas de personas enfrentaron a policías apostados frente al Kremlin. Se dispersaron cuando varios de ellos fueron apaleados por la policía y arrestados. Pero unos 20 manifestantes decidieron acampar en el sitio y pasar la noche allí. A la mañana siguiente la policía se los llevó.

Nuevas leyes permiten severos castigos a ofensas como publicar blogs o tuits en contra del gobierno.

Zabara asegura que los manifestantes están dispuestos a considerar “métodos más radicales”, aunque dice estar a favor de una resistencia pacífica.

Los jóvenes que se formaron en la era de Putin eran sus más fieles simpatizantes y gozaban del consumismo de la economía de mercado y de una relativa libertad con la que sus padres solo podían soñar bajo el comunismo.

Pero se han venido desencantando con Putin a medida que promueve posturas anti-Occidente y patrióticas.

Lev Gudkov, director de una encuestadora independiente, el Levada Center, dice que las consultas indican que Putin está perdiendo popularidad entre los jóvenes.

“Algo empezó a cambiar entre los jóvenes el año pasado”, señaló. “No les gusta la retórica anti-occidental ni los valores tradicionales”.

Opinó que los jóvenes que se organizan a través de grupos de chat y son vapuleados por la policía antimotines están aprendiendo a manejarse en la política y en algún tiempo formarán una sólida oposición.

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