¡Me encantan las películas de “época”! Así le llaman en mi familia cuando se refieren a películas medievales o filmaciones con tramas románticas de carruajes, largos trajes, cartas de amor en manuscrito, conversaciones a la hora del té, arte, política y negociaciones entre “realezas” debajo de elegantes carpas blancas en campos verdes.
Uuuhmm (suspiro).

En fin…

Recientemente vi una película de éstas donde me ví suspirando y deseando que el nivel de apreciación por la palabra hablada y escrita que se hacía presente en la filmación; fuera la misma en este milenio.

Hay quien dice: “No lo tomes en serio. Tú sabes que a veces me salen las palabras equivocadas”. Entre tú y yo… ¡que me llamen “old fashion” o “anticuada”pero aún en este presente la palabra es algo que no se le debe restar importancia de ninguna manera!

A lo largo de mi camino he valorado la herramienta de la palabra porque funciona como reflejo de nuestro interior. Mientras mayor consciencia ganamos en el camino nos damos cuenta que:

La palabra manifiesta nuestro pensamiento. La palabra es el segundo nivel de creación y tiene un enorme impacto en nuestro exterior. Es parte esencial de nuestra imagen porque vestir bien no es lo único que se toma en cuenta para lograr una primera- buena impresión.

La palabra define nuestra acciones. Aunque no es lo que se manifiesta en “la masa” de nuestra realidad actual, todavía hay personas y profesionales que actúan su palabra, Por otro lado también vemos todos los días como hay personas que sin importar lo que digan o a lo que se comprometan,– sus acciones van en dirección contraria a sus palabras. Esto no ayuda a que desarrollemos confianza, credibilidad, respeto en ellos o tener expectativas competentes sobre ellos. La persona que no se disciplina a honrar su palabra (es decir, poner acción donde puso su palabra), es una persona que nadie tomará en serio en la larga corrida.

Por más talentoso/a que sea– nadie contará con este tipo de persona cuando cuenta.

Aquí me refiero a la palabra como un elemento de honor personal. La persona que se valora, respeta y honra a sí misma conoce el valor de ser su palabra y no subestimar su poder, su alcance ni su valor en las relaciones a cualquier nivel.

La palabra es parte del mensaje. Todos sabemos que la palabra es parte útil de la comunicación. Que nuestro mensaje verbal puede ser–o no ser congruente con el mensaje no-verbal que enviamos a los receptores. Aunque he aprendido que la palabra suele ser el medio menos confiable de comunicación (por estar sujeta a la interpretación de quién la escucha), las palabras que elegimos utilizar en nuestra conversación para expresar lo que queremos comunicar con claridad son importantes. Tal vez un oído superficial (inconsciente) no identifique la importancia. Más un oído consciente y global sabe que las palabras que elegimos para que aterricen en la audiencia tienen el poder de edificar o destruir.

Es mi opinión que es hermoso cuando la palabra que expresamos sale con la misma precisión con la que fue pensada. Como líder practico la reflexión, y como agente influenciador promuevo la reflexión como proceso de conexión personal que nos habilita a conectar lo que sabemos, lo que pensamos y lo que sentimos en una sola frecuencia. Cuando nos ecualizamos de esa manera la magia de nuestro interior se manifiesta en todo lo que comunicamos.

Sé que hay un sin número de elementos que hoy están influyendo tu comunicación: tu círculo familiar, circunstancias sociales, tu historia personal, emociones momentáneas, la corriente del mundo entre otras muchas. En ocasiones pensamos que no tenemos el control de ella (nuestra comunicación) y es importante que sepas que tu comunicación es una de las pocas cosas que tenemos el privilegio de poder controlar.

Hay dos cosas esenciales en nuestro estilo de vida:

(1) Saber sobre lo que tenemos el control y (2) cómo respondemos a lo que no tenemos el control.

Te invito a que reflexiones, identifiques tus fuentes de influencia y hagas cambios inmediatos si no te están apoyando a avanzar en tu vida. Identifica tomando el control de lo que sí puedes controlar en tu vida y suelta la ilusión de control sobre lo que verdaderamente no lo tienes. Y ten en mente: MERECES MANIFESTAR TU LUZ. Brillas indeciblemente cuando te permites soltar lo que no es tuyo. ¡Suelta cualquier carga demás!

Declara bienestar y actúa acorde. ¡Voy a ti!


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